
NEM Dubrovnik 2025, uno de los eventos más destacados del sector televisivo y de medios en Europa Central y del Este (CEE), reunió a figuras clave de la industria. En él se abordaron temas como el aumento de los costes de producción, la sobreoferta de contenido, la fragmentación de las audiencias, los retos en la transmisión de eventos en vivo y las estrategias cambiantes de las plataformas.
Sin embargo, la diversidad de las sesiones fueron eclipsadas por la piratería, que ha sido mencionada con mayor frecuencia y urgencia al ser la gran preocupación del mercado audiovisual. Esta continúa devaluando el contenido, debilitando la propiedad intelectual y poniendo en riesgo la sostenibilidad a largo plazo de los negocios. Para la industria, proteger el contenido ha dejado de ser una simple obligación: ahora es una prioridad estratégica. NEM Dubrovnik ha enfatizado la presencia de la piratería en los países de Europa del Este, donde a diferencia de Estados Unidos o los países de Europa Occidental, la cultura del respeto a la propiedad privada todavía no está tan arraigada socialmente. Los niveles de piratería en los países de Europa Oriental continúan siendo alarmantes con Turquía a la cabeza, mientras que en los países occidentales cuentan con menor presencia.
Expertos líderes en protección de propiedad intelectual —incluidos representantes de la Motion Picture Association (MPA), la Alianza Audiovisual Antipiratería (AAPA), y titulares de derechos de televisión de pago, estudios y plataformas de streaming— revelaron tanto la magnitud de la amenaza como las deficiencias en las respuestas actuales en esos territorios.
La problemática de la piratería de vídeo digital genera enormes daños económicos, afectando a todos los actores de la cadena, desde productores hasta distribuidores. Las cifras son alarmantes: la industria cinematográfica mundial pierde entre 40.000 y 97.100 millones de dólares anualmente a causa de la piratería digital, según GIPC y NERA Economic Consulting.
El debate entre los especialistas dejó en claro varios puntos críticos: existe la percepción creciente de que Europa enfrenta una falta de fuerza en la aplicación de la ley, más que una deficiencia legislativa. Las tecnologías como la inteligencia artificial y las plataformas descentralizadas están transformando la manera en que se propaga la piratería, avanzando más rápido que los modelos tradicionales de control. El uso de aplicaciones de mensajería crea zonas ciegas difíciles de detectar e intervenir. La protección de las transmisiones deportivas en vivo —el activo más valioso de la televisión de pago— requiere soluciones inmediatas y multiplataforma.
Una pregunta permanece: ¿quién es responsable? Todos los derechohabientes de propiedad intelectual —estudios, emisoras, distribuidores y plataformas— tienen un papel que desempeñar. Las herramientas existen, y muchas pueden implementarse sin afectar los modelos de negocio.
A estas alturas, ya no se trata de si el contenido será atacado, sino de cuán rápido y eficazmente se puede responder. Es aquí donde entran en juego los servicios de eliminación en tiempo real, no como un recurso reactivo, sino como parte esencial de cualquier estrategia de protección de la propiedad intelectual.














