Por Antonio Carballo

No cabe duda de que Santiago Segura es lo que en nuestro argot llamamos un «animal cinematográfico». Tiene un olfato privilegiado que le lleva a realizar, justo en el momento adecuado, la película adecuada. Le costó mucho poner en pie su primera película porque en España escasean los productores con el suficiente olfato, pero al final lo encontró: Andrés Vicente Gómez. Aquélla primera obra de Santiago Segura, el primer Torrente, obtuvo un éxito comercial espectacular y yo tuve el honor de entregarle el Premio a la Película más taquillera de 1998.
En diciembre de 2026 le entregué por sexta vez ese premio, por Padre no hay más que uno, parte 5. De hecho, la Editorial que presido es el único ente español que entrega desde hace 28 años premios a todos los que, como él, consiguen éxito en su aventura empresarial.
Podríamos iniciar aquí un debate sobre el cine que se hace y el cine que el público quiere ver, pero esa es otra historia… Vamos ahora con las «instant movies», un género que estuvo muy de moda en los años 80 y que se basaba en llevar al cine, de forma rápida, hechos de la vida real que habían tenido gran repercusión en los medios periodísticos.
Recuerdo especialmente una sobre el «caso Profumo», nombre de un ministro inglés cuya doble vida extramarital le hizo dimitir al descubrirse que tenía una amante fija. ¡Qué tiempos aquéllos! Ahora esas «instant movies» han sido sustituidas por los informativos televisivos que nos ofrecen casos como estos a diario, en plan serial, especialmente en España…y que no terminan con la dimisión de nadie.
A pesar de ello, o precisamente por ello, Santiago Segura ha resucitado el género «instant movie» aprovechando la sobreinformación sobre el actual desmadre político español: Torrente Presidente. Pero, además, España podría producir películas de gran éxito basadas en intrigas, complots y traiciones de todo tipo que sucedieron en lugares donde el Imperio Español tuvo presencia dominante y que ahora están en las portadas de todos los medios.
Por ejemplo, el estrecho de Ormuz. ¿Sabían ustedes que ese estrecho fue posesión española durante el tiempo en que las monarquías de España y Portugal estuvieron unidas en una sola? Pues sí, lo fue. Y lo perdimos porque España, como le pasó a Napoleón dos siglos más tarde, no podía atender debidamente a tantos frentes a la vez. Pero los recursos de Napoleón eran limitados, mientras que los nuestros podrían haber sido infinitos. Quizá si hubiésemos traído de la Nueva España más recursos que el famoso «quinto real» nuestros ejércitos habrían podido conservar la posesión del estrecho de Ormuz y, a la vez, frenar la expansión de los turcos por el Mediterráneo… Películas sobre estos hechos históricos, endulzadas con los necesarios toques de novela romántica, serían un gran éxito a nivel mundial.
Las «instant movies» de hoy deberían centrarse en lo que el mundo occidental está enfrentado: una nueva guerra de religión.
Antonio Carballo













