Pasó Cannes. Nos quedamos con el buen recuerdo de la estupenda acogida tanto de ROMERÍA como de SIRAT (la última premiada y comentada ampliamente). Se habló del poder hipnótico del director. Ir a Cannes y dejar hipnotizado a todo el mundo, en mi opinión es un cumplido difícil de superar. De ROMERÍA no tenemos datos, pero SIRAT aparentemente se vendió muy bien internacionalmente, por ejemplo, a la superprestigiosa distribuidora Neon de Estados Unidos. Hablar de un éxito sería quedarse corto.

En el otro extremo de Cannes, recuerdo una reciente conferencia bastante reveladora del Observatorio Europeo del Audiovisual, sobre el éxito del cine europeo, que se define como la suma de tres factores: Primero, la recaudación en cines. Si la mitad de la venta de entradas en taquilla (al productor le suele llegar el 50% del total) supera el coste de producción, entonces vamos bien. Segundo, el acceso a la audiencia, más allá de la taquilla. Se refiere a la televisión y las plataformas. No tenemos datos cuantitativos más allá de las ventas en sí, por lo cual se considera que cuántas más ventas, mejor. Tercero, nominaciones y premios en uno de los doce festivales competitivos definidos por la FIAPF.
Según el Observatorio, de los 2.500 títulos producidos en Europa, con unos presupuestos medios de dos millones de euros, o dicho de otra manera, de entre un millón y tres millones, la ecuación de taquilla menos coste de producción igual a beneficio la alcanzan entre el uno y el cinco por ciento de las películas, solamente. Si quitamos del coste de la película las subvenciones e incentivos fiscales, podemos llegar hasta un diez por ciento. En cuanto al acceso a la audiencia, también resulta limitado, porque más del 70% de nuestras películas no se ven fuera de sus países de origen. Con respecto a la participación en festivales, el dato es más bien positivo, con prácticamente la mitad de los títulos teniendo presencia en estos certámenes. Visto el panorama, hablar de un éxito sería exagerado.
Aun así, volviendo a la esencia del primer párrafo de esta breve reflexión, uno está tentado de seguir creyendo en el poder de seducción de nuestro cine. El secreto está en hacer bien las cosas, más allá de las tareas relacionados con la creatividad y el arte. En la citada conferencia participó el productor de FLOW, la joya de animación letona que superó todas las expectativas en cuanto a recaudación, acceso a la audiencia y premios. Merece la pena escuchar cómo se fraguó este éxito, que no fue casual, sino el resultado de unas estrategias muy bien diseñadas.
Hablando de éxitos, he de confesar que fui a ver la octava entrega de MISIÓN IMPOSIBLE. Alerta de spoiler. El presupuesto de producción de esta película, sin contar la promoción, se estima en 400 millones de euros. Le puede gustar más o menos a uno, lo que no se puede dudar es que, con este dinero, el espectáculo esté garantizado. Vaya tres horas, y qué alivio cuando se acaba, con la humanidad salvada y el Mal encapsulado en lo que parece una bombilla LED. Lo que parece probable es que MI8 será un éxito de taquilla. Ojalá, porque si no, el riesgo que han corrido los productores podría convertirse en un desastre. No lo creo, visto que el valor de la franquicia se estima en más de seis mil millones de dólares. Tenemos que alegrarnos, especialmente por el bien que hace la película a nuestros exhibidores.
Lo que más me llamó la atención de esta experiencia cinematográfica aconteció antes de que empiece la película. Aparece en pantalla Tom Cruise, dirigiéndose a la audiencia en la sala. Lo que hace es tan sencillo como admirable: Da las gracias a los espectadores por haber acudido a la sala para ver su obra. No podremos nunca disponer del dinero que tiene el Señor Cruise para hacer una película. Pero si hay algo que podemos aprender de él, tiene que ver con este gesto.
Saludos cordiales,
Peter Andermatt
Director Oficina MEDIA España








