La 65º edición de El Festival de Televisión de Montecarlo se celebrará del 12 al 16 de junio bajo el lema «Back to the Future»
El próximo mes de junio el Festival de Televisión de Montecarlo celebrará su 65º aniversario, consolidándose no solo como una cita histórica y glamourosa, sino como una institución viva estrechamente ligada a la evolución de la televisión a nivel mundial.
Siendo el primer festival de televisión del mundo, este evento nació cuando solo habían pasado cinco años desde el lanzamiento generalizado de la televisión a nivel mundial. Un invento escocés de 1920 que en la década de 1950-60 se expandió rápidamente por Las Américas como negocio privado, mediante una patente muy rudimentaria que dio origen a un sistema de transmisión analógica llamado NTSC y que ofrecía al espectador una pantalla casi circular, en blanco y negro, con 525 líneas de definición horizontal y un barrido completo de pantalla 30 veces por segundo. En Europa, por el contrario, la televisión se presentó como un servicio público controlado por el Estado. Se utilizó un sistema de transmisión un poco más avanzado, llamado PAL, desarrollado por Telefunken, que elevaba el número de líneas horizontales hasta las 625, con un barrido completo de 25 veces por segundo. Así era el mundo de la televisión cuando nació el Festival de Montecarlo en 1961, casualmente en el mismo año que nuestra casa editorial —Cine&Tele, anteriormente CINEINFORME—, comenzaba también su andadura.
Creado por el Rainiero III, el Festival surgió con una ambición clara: impulsar el desarrollo de la televisión, elevar su valor cultural y promoverla como uno de los medios más poderosos para conectar a las personas y enriquecer las culturas. Muy pronto se consolidó como un gran punto de encuentro internacional, reuniendo cada año en Montecarlo a productores, emisoras, directores, productores, guionistas y actores de todo el mundo.
A lo largo de sus 65 años de historia, el Festival también ha acompañado y reflejado las transformaciones sociales a través de la televisión, actuando como observador y altavoz de una industria en constante evolución. Más que una celebración de su trayectoria, esta edición pone en valor su continuidad, su visión y su capacidad para adaptarse a los cambios tecnológicos sin perder su esencia.
Con motivo de esta edición, el certamen propone un recorrido por su historia década a década, comenzando por los años sesenta, el periodo en el que nació este evento global destinado a dejar una huella duradera en la historia televisiva.
En sus inicios, cuando la televisión aún era un medio emergente, el Festival ya destacaba por su vocación internacional. En su primera edición participaron obras procedentes de siete países, evaluadas por un jurado de gran prestigio que subrayó desde el principio el potencial artístico del medio, comparable al del cine. La innovación tecnológica también estuvo presente desde el inicio, con avances en los sistemas de difusión que anticipaban el futuro de la televisión.
El certamen contó desde sus primeras ediciones con figuras destacadas de la cultura y el audiovisual, como Marcel Pagnol, primer presidente del jurado, o Marcel Achard, quien ya en 1962 señalaba el enorme potencial del medio televisivo.
A medida que avanzaba la década, el Festival se consolidó como un espacio único de intercambio creativo y tecnológico, reuniendo producciones de países de todo el mundo y superando barreras políticas en plena Guerra Fría. Además, fue testigo de importantes avances, como las primeras demostraciones públicas de televisión en color en Europa.
Con el paso de los años, el Principado se convirtió en escenario de un importante encuentro cultural y mediático, con la presencia de grandes figuras internacionales como Jane Fonda, Sophia Loren, Paul Newman o Roger Moore, entre muchos otros.
Al finalizar la década de los sesenta, el Festival ya era reconocido como un punto clave de la televisión global, favoreciendo la circulación de ideas, talento e innovación. En 1969 marcó un hito al retransmitir por primera vez su ceremonia de premios a través de Eurovision, ampliando su alcance internacional.
El Festival de Televisión de Montecarlo se ha consolidado, desde sus primeros años, como un escaparate de excelencia televisiva y un espacio de encuentro entre culturas, reafirmando su papel como uno de los grandes referentes mundiales del sector audiovisual.















