Por Antonio Carballo

En la antesala de la NAB 2025, una demo llamó la atención por su enfoque poco habitual en el ámbito de la producción virtual: sustituir los grandes volúmenes LED por proyección RGB láser de alto refresco, coordinada con un flujo de trabajo que permite capturar, en un mismo set, tanto final pixel como una capa de croma para postproducción. La propuesta —bautizada Virtual Projection— se mostró por primera vez de forma pública en el evento Pre-NAB de JB&A en Las Vegas, y se acompañó de una mesa redonda con representantes de Christie, KinoFlo y RED Digital Cinema.
Más allá de la novedad del anuncio, lo interesante es el “por qué” y el “para qué”. La motivación es clara: las instalaciones LED de gran formato siguen siendo costosas de adquirir, operar y mantener, y no siempre encajan en modelos de negocio con presupuestos comprimidos. La promesa de este enfoque es bajar la barrera de entrada conservando la flexibilidad creativa del tiempo real y recuperando, cuando haga falta, la seguridad del croma. Según Christie, la combinación de proyectores RGB láser (y variantes híbridas) con licencia Mirage Pro y servidores de medios permite levantar escenarios virtuales con rapidez y con menor coste operativo, sin renunciar a la fidelidad de imagen.
Durante el panel, Chris Barnett (Christie), Frieder Hochheim (KinoFlo), Loren Simons (RED) y el director y podcaster Peter Frelick expusieron las piezas del rompecabezas: proyección de alto brillo y contraste, cámaras con obturador global y altas tasas de cuadro, y un diseño de sistema que sincroniza iluminación, pantalla y cámara para habilitar el sub-framing. Este recurso técnico permite generar, dentro de un mismo fotograma, múltiples “realidades” de luz o salidas paralelas, como una captura final pixel y, al mismo tiempo, una señal de croma limpia.
Lo que aporta la proyección

La discusión puso de relieve que la proyección no es un “sucedáneo barato”, sino una vía con ventajas propias. Entre ellas, la eliminación de artefactos habituales como el moiré o las zonas de unión de los paneles LED; la ausencia de sombras y puntos calientes gracias a un diseño preciso de lentes y superficies; y la compatibilidad con múltiples materiales, desde pantallas CarbonBlack en marcos de aluminio hasta superficies pintadas de alta calidad, todas probadas para asegurar estabilidad y consistencia visual.
A esto se suma la plena compatibilidad con cámaras de cine y broadcast. Christie asegura que su solución se ha validado en flujos de trabajo sub-frame con equipos de ARRI, RED o Grass Valley, y que distintos directores de fotografía y estudios independientes han testado y aprobado los resultados. También destaca un argumento económico difícil de ignorar: los proyectores pueden apagarse por completo cuando no se usan, lo que reduce de forma notable consumo y mantenimiento. Los muros LED, por el contrario, requieren mantenerse en modo de espera para conservar la calibración y demandan una infraestructura redundante de repuestos críticos.

En el terreno creativo, la proyección abre la puerta a nuevos flujos de VFX gracias al uso de proyección RGB/H de alta frecuencia. Mediante la licencia Mirage Pro, es posible realizar renderizado sub-frame de varias realidades de luz que se capturan de manera simultánea, un enfoque que algunos especialistas han descrito como “luces invisibles” y que se relaciona con metodologías ya conocidas como Ghost Frame. El respaldo de referentes como Paul Debevec (Eyeline Studios) o Max von Braun, inventor de Ghost Frame, refuerza la relevancia de esta línea de trabajo.
Una alternativa más flexible
En términos prácticos, la proyección elimina riesgos conocidos de los muros LED y abre la puerta a rear-projection para ganar espacio en set. También cambia la relación con la óptica: al no existir matriz de píxeles visible, es más viable enfocar “hasta la pared” en procesos como rodajes de automóvil, sin necesidad de desenfocar el fondo para ocultar la estructura LED. Y si la captura no es perfecta en cámara, la opción de contar con un croma limpio en paralelo ofrece a las productoras un seguro de postproducción que ahorra tiempo y reduce riesgos.
La aportación de KinoFlo y RED completa el cuadro. Hochheim recordó que la iluminación sincronizada con el contenido proyectado permite claves de gran calidad incluso en condiciones difíciles, algo que facilita el trabajo de VFX y mejora la experiencia de los actores. Simons, por su parte, destacó que las cámaras con obturador global y modos HFR de RED permiten generar varias salidas simultáneas en directo, lo que en broadcast o entornos corporativos se traduce en un retorno inmediato de inversión: producir una vez y distribuir múltiples versiones en tiempo real.
Otro de los aspectos que más se comentan en el sector es el confort del talento en el set. Los intérpretes actúan de forma más natural cuando se enfrentan a un entorno visual creíble en lugar de a un simple croma verde. Esta “fatiga del croma” ha sido señalada por actores y directores como un problema recurrente en rodajes prolongados, y la proyección aporta aquí una ventaja psicológica y artística que no se refleja en los presupuestos, pero sí en el resultado final.
¿Sustitución o complemento?

La pregunta que muchos se hacen es si la proyección está llamada a sustituir al LED. La respuesta, según los propios impulsores de la propuesta, es que no. Habrá casos en los que el LED seguirá siendo imbatible —pantallas gigantes, intensidades lumínicas extremas, geometrías complejas—, pero la proyección se perfila como la alternativa lógica en sets medianos, producciones con presupuestos ajustados o escenarios que requieren flexibilidad y rapidez de montaje.
El contexto de mercado refuerza este argumento. Con presupuestos de cine y televisión cada vez más ajustados y una presión creciente de las plataformas de streaming y la producción digital, la necesidad de fórmulas más sostenibles es evidente. Los grandes volúmenes LED se han convertido en una especie de “lujo” reservado a estudios con músculo financiero, mientras que buena parte del mercado busca soluciones que equilibren calidad visual con costes realistas. En ese terreno, la proyección virtual aparece como una tecnología democratizadora, capaz de abrir el acceso a la producción inmersiva a más productoras y estudios medianos.
En un mercado donde los presupuestos se reducen y la demanda de contenidos no deja de crecer, la proyección virtual ofrece a los productores una forma de mantener calidad y libertad creativa reduciendo costes. Como apuntó Barnett, se trata de “democratizar la producción virtual y devolver espontaneidad al rodaje”.
La demo en Las Vegas fue solo un primer paso, pero abre un debate de fondo: cómo diversificar el ecosistema de la producción virtual más allá de los muros LED, y cómo aprovechar la proyección, con su historia cinematográfica centenaria, para responder a las exigencias del presente.














