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‘Infoxicación Audiovisual’

18 noviembre, 2022

Vivimos tiempos en los que, paradójicamente cada vez resulta más y más complicado para el espectador acceder a sus contenidos favoritos y, peor aún, disfrutar plenamente de ellos, debido a la monstruosa oferta que copa el mercado. En este contexto aparece una gran oportunidad para el operador de proximidad, que puede conquistar al espectador a través de una propuesta selecta, bien presentada y adecuada a sus necesidades.

Allá por el año 2003, Alfons Cornellá acuñó en su libro ‘Knewton: Buscando un orden en la información’ el término ‘infoxicación’ para aludir a un mal derivado de un mundo que comenzaba a acusar un elevado exceso de información

Cornellá explicaba en relación a este concepto que el hecho de estar siempre receptivo ante centenares de estímulos cada día, novedades a las que no se podía dedicar el tiempo suficiente, implicaba no poder profundizar en nada y saltar constantemente de una cosa a la otra. Según apunta el propio autor, el hombre ‘infoxicado’ sería el resultado de un mundo en donde prima la exhaustividad (‘todo sobre todo’) frente a la relevancia (‘primero lo más importante’).

Se trata de una reflexión que sería perfectamente aplicable al panorama audiovisual de hoy en día. El auge de las plataformas, el incesante incremento de la producción, la multiplicidad de canales y pantallas… nos han conducido a un punto en el que resulta totalmente imposible para el espectador abarcar toda la oferta que se genera en el mercado. Ni siquiera una pequeña parte, o la que a él le gustaría. Y es que mientras la cantidad de audiovisual al alcance de cualquiera crece y crece exponencialmente sin atisbarse fin… las horas que un particular puede dedicar al audiovisual y aquellas con las que cuenta un día, siempre serán limitadas

De hecho, ya no solo es que el espectador no sea capaz de abarcar el número de horas de las películas o series que le interesan, sino que en la mayoría de ocasiones ni siquiera las disfruta. Por un lado, el estar al día de todo lo que “hay que ver” se ha convertido en una suerte de obligación que choca frontalmente con lo que debería ser el consumo de cultura audiovisual: un disfrute recreativo, un ocio que llene el hambre de cultura y satisfaga la curiosidad. Nunca el audiovisual puede convertirse en una carrera en la que el que no vaya al día, por ejemplo, con 10 o 12 series sea poco menos que un analfabeto en el contexto seriéfilo. 

Por otro, el hecho de pasar tantas horas delante de una pantalla convierte al espectador en un sujeto incapaz de disfrutar realmente y sorprenderse con aquello que está viendo. Como el que se ha montado un número suficiente de veces en una montaña rusa y todavía guarda cola para la siguiente. Añadía el autor del término que uno está “infoxicado cuando no puede absorber más información, cuando todo lo que hace es remitir la que recibe a otros, a sus amigos, a sus contactos en las redes sociales”, lo cual es aplicable a muchos enamorados actuales del audiovisual, que comparten y rebotan por doquier crónica o crítica de lo último que han visto, pero si uno les pregunta una semana después, probablemente ni recuerden un 10% de sus detalles. 

En este contexto, se hace más necesaria que nunca la puesta en valor de figuras intermedias que clasifiquen y descifren el audiovisual. Que puedan ayudar al espectador a seleccionar aquellos contenidos que verdaderamente le hagan disfrutar, que le lleven a reposar con una película o serie de su confianza proporcionando una zona de confort y evitándole estar siempre buscando lo siguiente como un animal famélico. Y en todo esto el operador de proximidad tiene mucho que decir, puesto que siempre ha sido especialista en llevar a cabo una selección de contenidos atractiva, presentada de una forma ordenada,  concisa y enfocada a que el espectador que llegue, permanezca. Algo que necesitan desesperadamente los cinéfilos y seriéfilos a día de hoy, fatigados de moverse de un lugar a otro sin descanso buscando una oferta que les satisfaga. 

Nos contaba recientemente Cèdric Dufour, CEO de Rakuten TV, que el reto para los grandes prestadores de servicios audiovisuales consistía en hacer cada vez más claro el acceso a los contenidos…al tiempo que el volumen de los mismos aumentaba sin parar. Pero quizá la gran oportunidad para los operadores tenga más que ver con lo primero que con lo segundo. No por elevar hasta el infinito el número de horas que uno puede ofrecer al espectador va a obtener un grado mayor de atención en los tiempos que corren. En opinión del director de esta revista, el éxito de una oferta o servicio audiovisual radicará en los próximos tiempos en saber proporcionar las herramientas adecuadas para sanar al hombre “infoxicado de audiovisual”. Aquellas que le permitan volver a disfrutar, relajarse, emocionarse, reír o llorar con aquello que está viendo frente a una pantalla. 

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Puedes leer este y otros reportajes en la última edición de Teleinforme:

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