Por Antonio Carballo
La llamada cultura “woke o “wokismo” es un término que aún resulta difícil de comprender en toda su extensión para el común de los mortales. Resumiendo mucho, se trata de un movimiento por el que actualmente se da protagonismo a las minorías en detrimento de las mayorías sociales.

Su origen se sitúa en los USA en los años 60-70 del siglo XX, entonces en plena confrontación interracial, pero el término ha ido ampliándose hasta límites absolutamente increíbles y surrealistas, especialmente impulsado por el eje franco-alemán y la Agenda 2030 desde hace 10 años.
Es más: si en 1960 el wokismo pretendía conseguir, y consiguió, unificar los derechos de dos grandes grupos étnicos que vivían de espalda unos con otros en un solo país, en el día de hoy es una bandera que sirve para “marcar” la pertenencia a un determinado grupo con el objeto de diferenciarse de los demás.
Si en su origen sirvió para unificar, ahora se utiliza para separar ¿Por qué?
Los grandes poderes fácticos del mundo tienen una clara estrategia: divide y vencerás. Es más difícil manejar y apropiarse de un grupo grande y cohesionado que de un conjunto de pequeños grupos divididos por “banderas”. Solo con esta reflexión se puede llegar muy lejos en la comprensión del mundo actual: guerras fratricidas en dentro de países que vivían en paz (comenzando por Yugoslavia-guerra de los Balcanes y terminando por Ucrania). Pero no tenemos que salir de casa: aquí llevamos años presenciando el intento de dividir a España en 17 reinos de taifas mientras que los españoles en general siguen tan contentos con cerveza y fútbol a mansalva. Deberíamos estar luchando por recuperar la gran potencia que un día fuimos, pero no mediante la anexión de nuestras antiguas Provincias de ultramar(como dicen algunos escépticos) sino creando con ellas fuertes vínculos al estilo de la “Commonwealth” y, más allá, una verdadera unidad de entendimiento existencial basada en el respeto a los seres humanos de forma individual en vez de renunciar a ello y caer en manos del “pensamiento único” que propone el wokismo.
Hispanismo humanista, esa es una buena medicina para salir de wokismo actual, que amenaza con dividirnos y enfrentarnos por cualquier cosa: por sexo, por raza, por posición social y, fundamentalmente, por ideario político… cuando en España durante los últimos 40 años nunca habíamos disputado por cosas así.
Si hubiésemos dedicado estos años a fomentar el acercamiento con nuestros hermanos hispanoamericanos, ahora seríamos la cuarta potencia mundial. Pero con la Agenda 2030 y la debilidad de nuestro gobierno, además de ser esclavos del eje franco-alemán, terminaremos siendo una provincia de Marruecos, arrasados por una cultura y una religión absolutamente incompatibles con las nuestras.
Les recomiendo visionar la conferencia impartida por don Rafael Aita en el Foro
Asociación Héroes de Cavite, especialmente clarificante en su segunda mitad.














