La editorial Conarquitectura Ediciones publica un volumen que analiza el papel industrial y cultural de los estudios cinematográficos en la capital. La obra, firmada por Enrique Sanz Neira e Ismael Amarouch García, documenta con abundante material gráfico la evolución de estos espacios entre 1910 y 1985. Más allá del romanticismo asociado al cine, el libro reivindica el valor arquitectónico de unos complejos clave para la historia audiovisual española.
La editorial Conarquitectura Ediciones ha publicado La arquitectura de los estudios cinematográficos en Madrid, un estudio que examina la dimensión industrial, urbana y cultural de los espacios donde se produjo gran parte del cine español del siglo XX. El libro, elaborado por Enrique Sanz Neira e Ismael Amarouch García, destaca por su extensa documentación gráfica inédita y por abordar estos complejos desde una perspectiva arquitectónica e histórica.
La investigación parte de una paradoja central: la necesidad de construir espacios físicos para dar forma material a mundos que solo existen como ilusión cinematográfica. Entre 1910 y 1985, Madrid acogió diversas arquitecturas diseñadas específicamente para hacer visible lo irreal, transformando estructuras, sistemas de iluminación y platós en escenarios capaces de generar relatos, emociones y ficciones destinadas a la pantalla.
A lo largo de las décadas, la evolución tecnológica del cine desde los grandes platós cerrados hasta la digitalización y los entornos virtuales ha modificado profundamente el papel de estos espacios. Muchos estudios desaparecieron, otros se reconvirtieron y algunos quedaron relegados al olvido. Frente a esa pérdida patrimonial, la obra centra su atención en la dimensión física de estos complejos: los edificios, sus huellas en la ciudad y su relación con la transformación urbana.
El libro analiza también la lógica arquitectónica que definía estos espacios de producción. Los estudios cinematográficos debían responder a exigencias técnicas muy específicas, como la insonorización, el control absoluto de la iluminación, la flexibilidad para la construcción de decorados o la capacidad de albergar maquinaria y equipos de rodaje. Sin embargo, más allá de su funcionalidad, su finalidad última era servir de soporte a la creación de universos imaginarios.
En el prólogo se recupera una reflexión del médico e intelectual Gregorio Marañón, quien señalaba que aquello que percibimos con los ojos es solo una parte de la realidad y que el conocimiento permanece incompleto sin el misterio. Esta idea sirve como marco conceptual para comprender la arquitectura de los estudios de cine: espacios tangibles que, al mismo tiempo, alojaban procesos creativos destinados a construir realidades ficticias.
La obra propone así una lectura que va más allá del inventario técnico o cronológico. Más que un catálogo de planos y edificios, el libro pretende capturar el espíritu de estos lugares, las historias que albergaron y su papel en la historia del cine español. Desde los primeros estudios levantados en las primeras décadas del siglo XX hasta complejos contemporáneos como la Ciudad de la Imagen, el recorrido plantea una mirada sobre la relación entre arquitectura, industria audiovisual y memoria cultural.
De este modo, La arquitectura de los estudios cinematográficos en Madrid se presenta como una aportación clave para reconocer el valor patrimonial de unas construcciones que, aunque concebidas para crear ficción, forman parte esencial de la historia urbana y cinematográfica de la capital.

















