Por Antonio Carballo

La historia que no se recuerda, se repite. Ya nadie en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España parece recordar los nefastos efectos que trajo al cine español aquélla Gala del “No a la guerra” en 2003… y la de anoche fue la repetición aumentada. Tanto el discurso del presidente Fernando Méndez-Leite como el de Susan Sarandon fueron tan politizados y propagandísticos que cualquiera podría pensar que fueron escritos directamente en La Moncloa. Incluso se llegó a alabar el “valor moral” de Pedro Sánchez. Dentro de poco, los medios afines al Gobierno van a presentarnos a Sánchez como “el vigía de Occidente” (para los más jóvenes, así es como se calificaba a Franco en la prensa del Movimiento). Ahora, después de esta 40ª Gala, más de la mitad de los españoles dejará de ir al cine para ver películas españolas. Solo hace falta un poco de memoria histórica.
Pero es que la Academia, tal y como la conocemos, es algo muy distinto de aquel proyecto que yo le presenté hace 42 años a Alfredo Matas. Yo proponía una institución cuya Junta Directiva estuviese compuesta por las 12 personas más sabias del sector y no por una algarabía de más de 20 representantes de distintos colectivos profesionales. Frente a una Academia mixta donde estuviesen los presidentes de grandes asociaciones, se optó por una estructura que dejó fuera a distribuidores, exhibidores, empresas técnicas, emisoras de televisión o prensa especializada, convirtiendo la entidad en un organismo que, a mi juicio, no representa a toda la industria. Como favor por haber impulsado la idea original, recibí un carnet de socio invitado sin derecho a voz ni voto, al que renuncié en 2003 tras aquella gala que tanto daño hizo al sector..
Centrándonos en los premios, la 40ª edición de los Premios Goya, celebrada el 28 de febrero en Barcelona, dejó como grandes protagonistas a Los domingos y Sorda, que dominaron el palmarés de una noche marcada tanto por los reconocimientos artísticos como por los discursos de contenido social y político.

Los domingos fue la gran vencedora al alzarse con el Goya a Mejor Película y sumar un total de cinco estatuillas. La cinta, producida por Sayaka Producciones en colaboración con Movistar Plus+, consolidó su posición como el título imprescindible del año. Su directora, Alauda Ruiz de Azúa, obtuvo también el premio a Mejor Dirección, confirmando su sensibilidad para abordar los silencios familiares, los vínculos rotos y la violencia en la infancia desde una mirada contenida y profundamente emocional.
En el apartado interpretativo, Patricia López Arnaiz fue reconocida como Mejor Actriz Protagonista por su trabajo en Los domingos, en un discurso donde reivindicó que la película “ponga luz a la violencia en la infancia”. También fue premiada Nagore Aramburu como Mejor Actriz de Reparto, imponiéndose en una categoría de gran nivel.

Por su parte, Sorda, ópera prima de Eva Libertad, firmó uno de los momentos más celebrados de la noche. La directora obtuvo el Goya a Mejor Dirección Novel y vio reconocidos a sus protagonistas. Miriam Garlo recibió el premio a Mejor Actriz Revelación en un discurso pronunciado en lengua de signos y castellano que emocionó al auditorio, mientras que Álvaro Cervantes fue distinguido como Mejor Actor de Reparto, compartiendo públicamente el mérito con su compañera.

El talento emergente tuvo su espacio con el Goya a Mejor Actor Revelación para Antonio “Toni” Fernández Gabarres por Ciudad sin sueño, ambientada en La Cañada Real. En la categoría de Mejor Actor Protagonista, el premio fue para José Ramón Soroiz por Maspalomas, gracias a una interpretación que aborda la homosexualidad en la madurez y que fue recibida con una de las ovaciones más largas de la gala.

La música también brilló con el Goya a Mejor Canción Original para Alba Flores y Silvia Pérez Cruz por Flores para Antonio, documental dirigido por Elena Molina e Isaki Lacuesta. En animación, Decorado, de Alberto Vázquez, se impuso como Mejor Película de Animación, defendiendo la animación como un medio para contar historias adultas y existenciales.
El broche internacional lo puso Susan Sarandon al recibir el Goya Internacional 2026 de manos de Fernando Méndez-Leite, cerrando así una gala que, más allá de sus ganadores, volvió a situar a la Academia en el centro del debate público. Cuarenta ediciones después, los Goya continúan siendo un espejo del estado del cine español, tanto en su dimensión artística como en su inevitable proyección política















