Ya nadie puede obviar que la situación que atraviesa la Televisión Digital Terrestre en España es francamente preocupante, sufriendo las consecuencias de una audiencia cada vez más fragmentada entre las diferentes ofertas de contenido y necesitada imperiosamente de señas de identidad diferenciadoras.

La TDT lo tiene cada vez más complicado para competir por la atención de los espectadores, especialmente los más jóvenes. Las horas de consumo disminuyen paulatinamente y con ellas lo hacen los ingresos publicitarios. Los anunciantes, imprescindibles para dotar de músculo a la televisión, están demasiado ocupados haciendo ojitos al sector del streaming y sin ellos, la capacidad de financiar o adquirir contenidos de calidad también disminuye.

Las cifras del último informe elaborado por la CNMC sobre consumo audiovisual, muestran conclusiones realmente preocupantes para una TDT que, recordemos, es gratuita y de acceso universal en España de acuerdo con las concesiones que otorgó el Estado para los operadores comerciales y aquellos de titularidad pública. En el último año, el consumo de TDT respecto al global ha sido el más bajo de la historia, con un 72,4% y la media de visualización por persona y día también cayó notablemente, hasta las 3 horas y 47 minutos por persona y día. En apenas cinco años, una caída de 20 minutos. De entre los canales, el que mejor aguanta el tipo es Telecinco (15,1% de cuota) seguido por Antena 3 (13,9%) y La 1 (9%).

Como es lógico, la pronunciada caída en el consumo de la TDT continúa provocando una preocupante fuga de anunciantes. Así, durante el primer trimestre de 2021 los ingresos generados por publicidad en la televisión y radio fueron del 415,8 millones de euros, lo cual implica una caída del 10,7% con respecto al mismo período del año anterior. Una circunstancia especialmente agravada para todos aquellos canales que no pertenecen a Mediaset y Atresmedia, que se reparten apenas un 20% del pastel publicitario, por un 80% de las dos grandes corporaciones.

No resulta complicado, atendiendo a los datos expuestos, entender que la llegada a España de innumerables servicios de streaming ha supuesto para la Televisión Digital Terrestre un duro golpe, que amenaza con poner fin a su dominio del mercado. Mientras que en 2016, apenas un 12% de los hogares contaban con algún servicio de video bajo demanda, en el primer tercio de este año la penetración de éstos alcanzó por primera vez un 53%. Dos tendencias absolutamente contrapuestas y que, a juzgar por las expectativas, podrían continuar prolongándose en los próximos tiempos.

Tanto es así que Emilio Lliteras, director general de UTECA, explicaba a Teleinforme en una entrevista reciente que si el Gobierno no imponía severas limitaciones a la actividad de las plataformas de streaming –al menos, obligándoles a que cumplan las mismas reglas del juego que los operadores radicados en España-, las cadenas de la TDT lo tendrían complicado para seguir operando en el futuro con normalidad. Y recordemos que los agentes que operan en la misma sí se ven obligados a cumplir a rajatabla con el sistema tributario español, a diferencia de la mayoría las plataformas que han ido llegando en los últimos años. ¿Por qué, entonces, desde la administración se permiten estas desigualdades competitivas?

El 4K en el horizonte

Con la partida tan cuesta arriba en estos momentos, la TDT se encuentra obligada a adoptar medidas urgentes para volver a atraer hacia su servicio la atención de los espectadores. Y una de ellas parece ser la búsqueda de estándares más elevados de definición para sus emisiones, que podría culminar con la generalización de las mismas en 4K a partir 2023. A pesar de que a día de hoy parece una quimera –todavía se emiten en la TDT, incluso, muchos canales en SD-, parece ser que el sistema de antenas español tiene una capacidad más que aceptable para que ese proceso termine siendo una realidad.

Como todo proceso tiene su lógica, los primeros pasos a dar por la TDT española serán aquellos necesarios para, en primera instancia, conseguir que todos sus canales emitan en HD. Un hito que tiene ya una fecha marchada en el calendario: el 1 de enero de 2023, cuando desaparecerá finalmente en nuestro país el códec MPEG-2. A partir de este momento en las emisiones españolas ya solo se utilizarán el MPEG-4 y DVB-T y todos los canales llegarán al público en alta definición. Un trámite absolutamente necesario para competir con las plataformas digitales, cuyos estándares de calidad en las retransmisiones son notablemente superiores en la actualidad.

A pesar de la lentitud con la que se ha avanzado en este proceso en comparación a países vecinos como Francia, algunas experiencias que se han desarrollado en los últimos tiempos resultan prometedoras. Tales son las emisiones en 4K realizadas en pruebas en canales autonómicos como Canal Sur o el lanzamiento de los canales UHD (SDR) 1 y UHD 2 (HDR), pertenecientes a TVE 4K, que se pueden sintonizar desde el pasado 1 de junio en las principales ciudades españolas.

El nacimiento de la asociación UHD Spain parece haber dado el impulso que la televisión española necesitaba en esta carrera por alcanzar cuanto antes los más altos estándares de definición. En las próximas fechas, esta entidad irá dando a conocer todos los puntos de emisión españoles capacitados para ser los próximos emisores de señales en alta definición.

Tras el primer día de 2023, se iniciará el proceso que concluirá dentro de dos o tres años con nuestra TDT emitiendo íntegramente en 4K. Todo comenzará, probablemente, por pasar todos los canales a HD utilizando el códec MPEG-4 actual y, cuando llegue el DVB-T2, se pondrá al fin en marcha la transición a las emisiones 4K que usarán el HD como base, con una calidad infinitamente superior a la actual.