Es poco habitual que una película documental logre superar la barrera de su propia categoría y que esté nominada en otros apartados. El año del descubrimiento es una de esas excepciones. El film de Luis López Carrasco no solamente se alzó con el galardón de Mejor Documental, sino que logró llevarse la estatuilla de Mejor Montaje para Sergio Jiménez, a quien hemos entrevistado. Puedes leer las entrevistas por el premio a Mejor Sonido aquí y a Mejores Efectos en este enlace.

Sergio Jiménez, Goya a Mejor Montaje por 'El año del descubrimiento' ©Alberto Ortega -Cortesía de la Academia de Cine.

Sergio Jiménez, Goya a Mejor Montaje por ‘El año del descubrimiento’ ©Alberto Ortega -Cortesía de la Academia de Cine.

Se trata de un monumental trabajo, con el cual tuvo que revisar 60 horas de metraje con su Adobe Premiere. Había tanto material grabado que probablemente hagan un cortometraje con todo lo que no entró.

Si el rodaje fueron 9 días, el montaje tardó 9 meses, de los cuales uno y medio estuvimos viendo solamente los brutos antes de mover ni un solo plano. Escuchando, más que visualizando. En la selección y organización de las intervenciones estaba la clave más que nunca para poder empezar a montar”, apunta el editor.

Las entrevistas del largometraje se grabaron en Hi8 para emular la textura de la época de la que se habla y así dialogar mejor con el material de archivo, aunque tampoco hay demasiado de este. “Teníamos cantidades y cantidades de material de archivo pero apenas aparecen en la película”, subraya Jiménez.

Los creadores decidieron no montar en exceso y utilizar los discursos en tomas largas. “Luis y yo vimos que el viaje iba a ser más dialéctico que estético. Más allá del juego de la pantalla partida, que es un recurso bastante simple, no hay nada más que se interponga entre el rostro y el discurso de los entrevistados”, explica.

No obstante, la pantalla partida es uno de los recursos más reconocibles del film y su utilización surgió en la sala de montaje mientras aún se estaba rodando. Jiménez revela que ocurrió mientras asistió al rodaje para supervisar el proceso de digitalización de las cintas Hi8 con su compañero Juan Alba, ayudante de montaje.

“Mientras diseñábamos cómo podríamos ordenar el material para un mejor visionado de las entrevistas, sobre todo las que estaban grabadas a dos cámaras, decidimos enfrentar los planos. Decidimos subir el nivel del largometraje apostando por este dispositivo y alejarnos del formato de documental tradicional”, esgrime el montador.

La relación entre Luis López Carrasco y él fue clave. “Además de tener una amistad que supera lo cinematográfico, hacemos un muy buen tándem delante del timeline. Buscamos siempre la excelencia creativa, sin aranceles de ningún tipo, y nos aplicamos con mucho rigor”, nos indica.

Según manifiesta Jiménez, manejaron como referencia tres películas, fundamentalmente: Welfare de Frederick Wiseman (1975), Después de… de Cecilia y José Juan Bartolomé (1983) y La comuna (París 1871) de Peter Watkins (2000). “Películas documentales únicas entre sí pero con el claro compromiso sociopolítico de poner la voz en el pueblo”, sostiene.

Jiménez nos cuenta que la mayor complicación fue la cantidad de temas que se abordaban más allá del relato principal, como el futuro del trabajo, la lucha obrera, las crisis económicas, la evolución de Cartagena y sus ciudadanos o el feminismo: “Estuvieron encima de la mesa desde el principio. Una de las tareas más complicadas era la reguionizacion de la película para no dejar nada fuera”.

Para el cine documental, ¿qué valor se le puede conceder a este premio? “No todos los días la máxima expresión del cine industrial, la Academia, pone su mirada en el cine documental como lo ha hecho este año y más si está realizado al margen de dicha industria. Crucemos los dedos para que sea un primer paso para que se consolide a medio plazo la presencia del documental en los espacios cinematográficos, como se merece”, desea Jiménez.