Dicen que de las situaciones complicadas se aprende, pero de nada sirve aprender si no somos capaces de aplicar lo aprendido para tratar de evitar en lo posible las mismas situaciones. Por Julio Abengózar, vicepresidente de la asociación de exhibidores NAECE

Si algo hemos aprendido de esta pandemia, es la vulnerabilidad de nuestro cine. Hasta aquí, el cine español ha subsistido con ayudas públicas a su producción, un mínimo de apoyo en la distribución y el mayor o menor éxito de recaudación en taquilla, pero es aquí, en la taquilla, donde de verdad cualquier producción se la juega.

En realidad, el fin último de toda producción es llegar al espectador a través de las salas de exhibición, con lo cual podemos decir que sin salas, no hay cine.  Habrá producción audiovisual, pero no habrá cine.

Por tanto, toca decidir cuál es la apuesta, ¿queremos que haya cine o nos basta con que haya producción audiovisual? La pandemia ha dejado una evidencia clara y es que las salas de cine están en claro peligro de extinción si entre todos no ponemos remedio.

Una tradicional falta de apoyos e incentivos para atraer al espectador al cine de producción propia ha hecho que los exhibidores se dejen arrastrar por la fuerza de las “superproducciones” para mantener un nivel de ingresos mínimamente rentable, pero absolutamente dependiente de los intereses de poco más de cuatro compañías que, en momentos difíciles como el que estamos viviendo, han decidido obviar a las salas y apostar por sus propios canales de exhibición.

Salvo el dolor de sentirnos traicionados, nada podemos decirles. Están en su derecho de hacer con su negocio lo que crean oportuno, pero los exhibidores y los responsables políticos de este sector estamos en la obligación de poner los medios para invertir esa dependencia y hacer que nuestro cine, producción, distribución y exhibición, pueda tener vida propia.

Ciertamente, todo esto lo hemos aprendido y sufrido en estos meses, pero ¿seremos capaces de hacer de la necesidad virtud y empezar a apoyar a nuestro cine como desde hace mucho tiempo vienen haciendo países de nuestro entorno? Las señales no son demasiado halagüeñas.

Por una parte, hay una evidente falta de sintonía y comunicación entre los diferentes actores del sector. Producción distribución y exhibición somos partes de un todo, sin embargo, actuamos como si cada cual fuese un todo en sí mismo, cuando es evidente que ninguno somos nada sin los otros. Si lo único que nos separa son unas reglas de juego claras (hoy casi inexistentes). Pongámonos a ello y entre todos construyámoslas con un fin último, salvar a nuestro cine y así salvaremos nuestras empresas.

Por otra parte, el poder político parece ausente del fondo del problema… Cuando caen chuzos de punta sobre el sector, se limita a las buenas palabras y a una tímida modificación de la Ley del Cine que, lo único que aporta es una ampliación de ayudas a cierto tipo de producciones, pero nada que apoye la distribución independiente española y sólo algunas obligaciones administrativas más para la exhibición.

Señoras y señores del Ministerio de Cultura, les necesitamos a ustedes liderando el salvamento de este posible naufragio, les necesitamos a ustedes escuchando nuestras propuestas (las de todos en conjunto) y poniendo los medios necesarios para mantener nuestro cine.

Les necesitamos a ustedes para afianzar los cimientos de un sector que se hunde y que ninguna sociedad avanzada, como la nuestra, debería dejar morir. Sin cultura no hay progreso y el cine es la forma de difusión cultural más popular y asequible que existe.

NO LO DEJEMOS MORIR.

 


A continuación, puedes leer la versión online de la nueva edición de Cineinforme, dedicada a la exhibición: