Josefina Molina recibió de manos de Enrique Gonzalez Macho y Judith Colell el Goya de Honor, el primero que va a manos de una directora. El acto tuvo lugar el pasado sábado, 28 de enero, durante la fiesta de los nominados a los premios Goya.

Josefina Molina con los nominados a los Premios Goya

Josefina Molina con los nominados a los Premios Goya. Foto: Alejandro Echegoyen

En la presentación de Cayetana Guillén Cuervo, la actriz declaró que le sorprendía ‘cómo una persona concreta puede haber dado tanto a esta cinematografía, ella lleva toda su vida adelantada al cine. Las mujeres tenían que pedir permiso para respirar, y ella luchó por ello’. Enrique González Macho, presidente de la Academia, afirmaba minutos antes de hacer entrega del galardón a la cineasta que ‘de Josefina se ha dicho ya todo. La Academia se siente orgullosa de poder dar este premio a una directora que fue pionera en muchas cosas, y a la que todos queremos y apreciamos’.

Muy elegante y vestida de negro, se acordó en primer lugar de los finalistas, ‘mi enhorabuena más cariñosa a ellos, que ya tienen un premio incuestionable: la satisfacción de haber hecho estupendos trabajos. Disculpadme si no entro en la dinámica interminable de agradecimientos, pero se que los que me han acompañado en el trabajo a lo largo de tantos años saben ya cuanto les quiero y les debo pues me he encargado siempre de decírselo personalmente’.

Abrió su discurso citando a Montaigne, ‘es uno de mis últimos vicios y él decía que aprender a vivir es aprender a sobrellevar la imperfección, e incluso a abrazarla. La gente del cine sabemos mucho esto. Aquí estoy abrazada a las imperfecciones de mis obras emocionada por la generosidad de la Academia. Conseguir esto cuesta mucho años, y en virtud de estos muchos no está de más repetir que en nuestro cine pasamos del triunfalismo a la depresión con una velocidad pasmosa, pero ambos sentimientos son esquemáticos y mentirosos’.

Siempre combativa, aseguró que ‘la administración se equivocaría si no se diese cuenta de la importancia que tiene divulgar la cultura y mantener el apoyo al audiovisual. La historia de nuestro país es muy dada a tirar por la borda esfuerzos que han costado a generaciones muchas lágrimas y batallas. Freud decia que la función del arte en la sociedad es reconstruirnos cuando estamos en peligro de derrumbe’.

Molina compartió este galardón honorífico con las mujeres de su generación y sus compañeras cineastas de CIMA, asociación de la que es presidenta de honor y de la que afirmó que había sido capaz de ‘sustituir el aislamiento por la solidaridad, la invisibilidad por la información. Entiendo que el cine español hoy es creativo, diverso y comprometido, y fuera de nuestras fronteras es respetado y admirado. Las mujeres sabemos que alcanzar nuestros objetivos y lograr un audiovisual más justo costará años y esfuerzos, pero no podemos hipotecar nuestra realidad presente a la espera de un futuro mejor. La razón entiende que hay que aportar el punto de vista femenino.’

Las últimas palabras de su discurso fueron dedicadas a Córdoba, ‘lugar donde se forjó mi ilusión por hacer cine’.