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Presentación de la Mesa del Cine contra la piratería. Nuevo ejemplo de descoordinación

 

Una sangría de 132 millones de descargas de películas pirateadas a través de Internet en 2006 en nuestro país, y se prevé que ascienda hasta 200 millones en el 2007. Este dato y otros tan aterradores como este sirvieron de presentación a la ‘1ª Mesa del Cine: Todos contra la piratería’. Los principales representantes del sector audiovisual y de las TIC se reunieron para hacer frente común a la gran lacra de nuestra cultura.

Contra el cáncer de la piratería no se encontró en este acto, de buena voluntad más que nada, ninguna vacuna milagrosa. Ni siquiera parece que vaya a suponer un paliativo menor, dado que las divergencias, en algunos casos enfrentamiento abierto, no tardaron en florecer más allá de lo que se tardó en presentar a los ponentes, que fueron:

Ángeles Gonzalez Sinde, Presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España; Pedro Pérez, Presidente de FAPAE; Ignacio Puebla, Presidente de la Unión Videográfica Española (UVE); Rafael Alvero, Director General de la Federación de Cines de España (FECE); Luis Hernández de Carlos, Presidente de la Federación de Distribuidores Cinematográficos, FEDICINE; Edgar Adelmunt, Presidente de la Federación para la Protección de la Propiedad Intelectual (FAP); Eudalt Doménech, Consejero Delegado de Techfoundries (MediaXpress); Enrique Cerezo, Presidente de EGEDA (Filmotech) y Luis Velo, Director General de Proyectos Avanzados de Telefónica España (Pixbox).

El cierre de este evento estuvo a cargo de la Ministra de Cultura, Carmen Calvo, que curiosamente apareció como la más firme defensora del audiovisual español, de la Cultura y contra la piratería, por delante incluso de los representantes de los sectores más perjudicados. Y todo ello, sobrevolando con un argumento razonable los empujones dialécticos que se habían producido durante la presentación. Defendió la necesidad de que se trasladase a la opinión pública una imagen compacta de unidad y un mensaje unívoco contra la piratería; todo esto sin rozar el -por entonces- todavía peliagudo asunto de la Ley del Cine: una gran demostración de cintura política.

Los ponentes, en resumen, lejos de mantener una posición única, defendieron dos posturas que representan las dos apuestas de futuro principales que, sin estar contrapuestas, en muchos casos chocan en sus argumentos. La confrontación se inició en el momento en el que los representantes de las nuevas TIC’s, Eudald Doménech de MediaXpress y Luis Velo de Pixbox, dos plataformas de descargas legales, ejercieron de “abogado del diablo” en la mesa, al exponer que seis millones de personas que hacen descargas ilegales por Internet en España, no deben ser considerados piratas, sino clientes insatisfechos, ya que encuentran en la Red de forma gratuita todo lo que buscan, mientras que a través de las descargas legales sólo pueden acceder a catálogos muy limitados. Por supuesto, la reacción de los representantes de la cadena de valor tradicional del audiovisual no se hizo esperar, exponiendo que en ningún caso debería el autor, el creador o el dueño de los derechos sufrir un perjuicio, y ser los mártires de la llamada “revolución tecnológica”.

Sin entrar en dar o quitar razones, el hecho es que esta primera mesa cojeó un poco y no transmitió la idea de que exista un “frente común” tal y como se anunciaba en la convocatoria.

Con perspectiva histórica, parece que esta reunión será una más de la ya larga lista de acciones bienintencionadas que no logran su objetivo por falta de coordinación. Cada día que pasa se echa más en falta en nuestro país un organismo –llámese como se llame- que sirva para alcanzar acuerdos por parte de toda la industria. Estos acuerdos, tomados en reuniones a puerta cerrada, ahorrarían el bochornoso espectáculo de ver como las diversas áreas de la industria audiovisual discuten frente al público sus interioridades, muchas veces difíciles de comprender, incluso por personas con una cierta formación.

Los años que llevamos asistiendo como fedatarios al desarrollo de la industria audiovisual española nos hacen recordar el baile de asociaciones y siglas que nació con la transición, y que han intentado desde entonces hasta ahora reunir a los principales agentes de la industria cinematográfica. Quizás por un comprensible complejo de déficit democrático nos diversificamos en muchos grupos y asociaciones que, a fecha de hoy, aún no consiguen ponerse de acuerdo, mientras que otras cinematografías más avanzadas, se apoyan en institutos nacionales y organizaciones verdaderamente transversales, es decir, que sirven de punto de encuentro a las distintas ramas de la industria y resuelven de un plumazo, y “a la chita callando” sus divergencias.

Desde el COPIAC, Comité Permanente Intersectorial de Asociaciones Cinematográficas, que nació y murió en 1984, pasando por el CUICA, Comité Unitario Interprofesional del Cine y el Audiovisual, igualmente breve en 1991, y por el Foro Permanente del Audiovisual, que tuvo su corta historia en 1994, para dar paso al Comité Intersindical de Cinematografía, del que iba a surgir un Consejo Asesor del Audiovisual que nunca llegó a ver la luz; llegamos hoy a la situación actual, donde la mayor esperanza está en la futura Agencia Estatal del Audiovisual, cuya función prevé la nueva Ley del Cine.

La mesa, al igual que todas las otras iniciativas que hemos mencionado, carece de una dirección clara, no tiene un representante firme, fuertemente identificable, ni un plan de acción concreto, tampoco un presupuesto para levar a cabo las acciones que se podrían decidir. Con estas premisas no se va a ningún sitio, todo queda en buena voluntad. Y de buena voluntad está empedrado el camino del infierno.

Sin un ente nacional en el que todos, absolutamente todos, los agentes de la industria se sienten cómodos a hablar a puerta cerrada, para que no se produzca otra vez un espectáculo como la presentación de la Mesa del Cine contra la Piratería, seguiremos dando espectáculos de antropofagia, donde nos devoramos unos a otros para regocijo de aquellos que engordan su cuenta corriente a costa de nuestras debilidades.

26 de Junio de 2007


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