El filme es una producción de Andrés Vicente Gómez para las productoras Trivision y CTV.
Con ‘Canciones de amor en Lolita’s club’, Vicente Aranda regresa al mundo que conoce profundamente, donde mejor se desenvuelve y eso se nota. No es que sea un experto en prostitutas y burdeles (a lo mejor lo es) sino que retoma otra vez los temas y ambientes que mejor ha capturado con su cámara. Parte de la responsabilidad de esta vuelta a la antigua mirada recae (otra vez y ya van cuatro) en Juan Marsé, el autor de la novela homónima en la que está basado el filme. La nueva película del director catalán se estrena el próximo 30 de noviembre.
El tándem Marsé-Aranda ha sido siempre sinónimo de éxito, si no abrumador al menos moderado, como ocurrió con ‘Las chicas de la bragas de oro’, ‘Si te dicen que caí’ o ‘El amante bilingüe’, los primeros dos de los títulos más respetados del director catalán.
Otro ingrediente necesario para que una película de Aranda funcione es la presencia del amor irracional, ese estado incomprensible para los que no lo viven que lleva al ser humano a perder cualquier dosis de dignidad, aunque bien es cierto que la que les queda a muchos de los personajes de ‘Canciones de amor en Lolita’s club’ es escasa.
El tercer y cuarto elemento de las películas arandianas son el triángulo amoroso (que tan bien manejó en ‘Amantes’, su obra maestra) y el erotismo. Y que mejor manera para llevarlos a la práctica que contar con una pareja explosiva que destila sensualidad por cada uno de sus poros como Eduardo Noriega (en ración doble) y la colombiana-canadiense Flora Martínez. Con estos ingredientes, Vicente Aranda se mueve como pez en el agua y construye un ‘thriller’ romántico (si esto es posible) que se sitúa entre lo mejor que ha rodado en los últimos años.
‘A Flora la vi en Rosario Tijeras, una película que optó al Goya a mejor película extranjera de habla hispana. Me encantó. Creo que da muy bien el tipo de personaje. Además en la novela se habla de una chica colombiana y ella es colombiana. En lo que respecta al protagonista masculino, Andrés Vicente Gómez, el productor, quería a alguien que fuese un galán, en el sentido convencional del término y Eduardo Noriega correspondía a estas características. Se le envió el guión y felizmente aceptó el reto que supone enfrentarse a la interpretación de un doble papel como este, y lo lleva muy bien: de una manera esforzada, con voluntad… es un gran reto técnico-psicológico’, comenta Aranda.
Ver artículo completo |