La pasada semana aprovechamos la presentación de la nueva serie que Movistar Plus ha llevado a cabo con Bambú producciones –En el corredor de la muerte– para charlar con Nacho Carretero, autor del libro en el que está basada y Fariña, entre otros. En él cuenta la historia de Pablo Ibar (interpretado por Miguel Ángel Silvestre, con el que también tuvimos la ocasión de hablar), condenado por asesinato en Miami en un juicio lleno de contradicciones e irregularidades. 

Nacho Carretero posa para Cine&Tele

Cine&Tele: ¿Escribir En el corredor de la muerte ha sido un proceso más periodístico o literario?

Nacho Carretero: Un poco de las dos. Una idea que yo siempre tengo cuando me involucro en un proyecto es que vayan de la mano ambos escenarios: el periodismo y lo literario, lo narrativo. Creo que el periodismo siempre se ha enriquecido con el uso del tono literario, pero en la actualidad se está viendo que surgen muchos proyectos a partir de esa traslación de lo periodístico al audiovisual lo cual es muy bueno. Que ambos mundos vayan de la mano.

En mi caso, que soy periodista, siempre tengo que mantener el rigor, nunca perder de vista eso. Pero sí intento escribir de una manera que resulte atractiva a la historia para trasladarla a otros formatos. En el caso de En el corredor de la muerte hay ese trabajo de investigación periodística, pero finalmente hay una escritura que permite que sea atractivo.



C&T.: Quizás tú seas uno de los máximos exponentes en España de ese fenómeno que hibrida relato periodístico y audiovisual

N. C.: No, no creo que sea para tanto (risas). Pero es cierto que es un género que se está revitalizando en las propuestas nacionales. En otros lugares, los creadores de audiovisual llevan mucho tiempo sirviéndose de la materia prima que proporciona el periodismo, pero en España parecía que no terminaba de cuajar. Ahora, con el auge del audiovisual español, que está de moda, está comenzando a hacerse y, a su vez, los periodistas estamos aprendiendo a surtir de historias de la forma adecuada. Porque en este país si algo nos sobra es eso, historias interesantes.

Yo tuve la suerte de que Fariña funcionó muy bien, y en esa línea hay un montón de de casos por explorar que es muy positivo, muy satisfactorio para ambos mundos. Y ojalá yo pueda seguir llevando a cabo proyectos de este tipo.

C&T.: ¿Qué conclusiones sacas tras haber investigado el caso de Pablo Ibar?

N. C.: La investigación  fue muy complicada y delicada. Y en el caso particular de la serie extremadamente complicado, porque hay un paralelismo temporal. En el momento más delicado para la familia y Pablo, que era el juicio, nosotros estábamos rodando a la vez. Por eso hubo un plus de sensibilidad, de gran  respeto por la situación. El proceso para mí es mucho más largo porque yo empecé con la investigación en 2012, conociendo a Pablo en el corredor, venía de muy atrás mi idea de contar esta historia. Entonces llegué al juicio con muchos años de expectación y esperanza. Que lo encontraran culpable fue un gran golpe, porque después de tanto tiempo inevitablemente tengo una vinculación emocional con ellos, pero también fue para mi una oportunidad para comprobar que la familia está dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias.

C&T.: ¿Cómo viviste la última sentencia del caso, dictada en mayo?

N. C.: Que lo condenaran a la cadena perpetua en lugar de a la pena de muerte fue un alivio en cierto sentido, porque dentro de las malas noticias él va a salvar su vida. Lo vivo con esa intensidad pero siempre teniendo claro que para informar adecuadamente como periodista debo apartarme de esa vinculación e informar de la manera más certera posible en una situación que exige tanto respeto.

C&T.: ¿Este último acontecimiento del proceso judicial influyó en el guion de la serie?

N. C.: Sí, no en gran medida porque la serie condensa en cuatro capítulos toda la vida de Pablo y su familia. Pero para esta parte final es cierto que estábamos como en un stand by, esperando al desenlace del caso. Era algo muy novedoso para mí y para todo el equipo, estar pendientes para cerrar un rodaje de la conclusión de la parte decisiva de un juicio. En previsión de lo que pudiera pasar tuvimos que rodar varias cosas en previsión del que pudiera ser el final, ajustar el montaje…fue un trabajo muy complejo y en algunos momentos estresante.

C&T.: ¿Supone una responsabilidad extra para ti escribir una historia en la que no se ha concluido todavía con certeza absoluta si el protagonista es inocente o culpable?

N. C.: Yo no oculto que en mi opinión es inocente. Y no lo digo por decir, ni porque tenga un especial apego con la familia o con él. Es mi conclusión después de haber investigado el caso durante tantos años. Yo veo que hay muchas pruebas, pero ninguna demuestra su culpabilidad, por lo que lo normal sería que Pablo se pudiera ir a su casa. Él y cualquier otra persona a la que no puedan culpar las pruebas. Yo al escribir el libro intento informar de la manera más aséptica, pero siempre dejando claro que no hay ninguna prueba que le culpe y que el jurado tomó una decisión en base a una creencia, a una percepción, unos indicios a través de los que ellos creen que es culpable. Lo que tengo segurísimo es que no hay ninguna prueba concluyente que demuestre su culpabilidad y así lo transmito.

C&T.: ¿Qué conclusión arroja este caso sobre el sistema judicial de Florida?

N. C.: Se trata de un sistema que tiene muchas cosas buenas, empezando por su enorme independencia y otros aspectos que deberían tomarse como modelo, pero tiene otros que al menos a nosotros como europeos nos cuesta mucho entender. Es un sistema menos garantista, donde ocurren cosas que no entendemos y suceden, como que un hombre o mujer sea culpado sin ninguna prueba que determine al 100% su culpabilidad.

Tiene esa gran grieta: no se basa tanto en la conclusión de las pruebas, sino en la dialéctica para convencer al jurado de una postura o la otra. Esto pasa, en gran medida, por el sistema de jurado popular. Porque se trata de un fiscal y un abogado intentando convencer a un jurado de una postura, y quien lo haga mejor, quien les convenza, aunque no existan pruebas, gana el juicio. Es lo que sucedió en este caso, que la fiscalía tuvo la habilidad de convencer al jurado de la culpabilidad y esta fue la sentencia. Lo que no supo hacer la abogacía fue demostrar por qué no era culpable.

C&T.: ¿Qué gran historia le gustaría contar a Nacho Carretero que todavía no ha contado?

N. C.: Hay muchísimas. También por el tipo de periodismo que llevo haciendo muchos años, de crisis humanitaria, de conflicto, social en definitiva…me encuentro con muchas historias. En España hay mafias, criminalidad, bajos fondos… todo eso en otro país sería una mina del oro para el audiovisual que aún está por contar. Por ejemplo, acabo de volver de Ceuta y Melilla, son dos lugares que darían para una colección de libros, o películas que son alucinantes para cualquier formato.