Hace unos días, casualmente cayó en mis manos el informe que la Academia de Cine elaboró en 2012 titulado ‘Cine español: el estado de la cuestión’. Un análisis certero sobre los problemas del mundo del cine, en su conjunto, y un apunte de caminos por los que transitar para afrontar esos problemas.

Por Julio Abengózar Oviedo, vicepresidente de NAECE (Nueva Asociación de Exhibidores de Cine de España)

Desconozco si se hizo algo en ese sentido o si, por el contrario, se trató sólo de una reflexión en voz alta a la que muy pocos prestaron oídos, pero la realidad es que hoy, seis años después, la situación que allí se describe me resulta tan actual que, de no haber reparado en la fecha, me hubiera parecido que su elaboración datara de ayer mismo. Debe de ser que muy  pocos le prestaron oídos.

Llama mi atención de este informe su principio y su final. Su principio, porque su elaboración parte de algo insólito y es que todas las partes implicadas en esta llamada industria del cine (productores, distribuidores, exhibidores y plataformas legales) colaborasen para reflexionar sobre los problemas de unos y otros que, al final, son de todos. Su final, que su última propuesta sea la creación de una plataforma intersectorial que analice y haga propuestas en común para la mejora de las relaciones entre las partes, y es que los problemas del Cine seguirán siendo los mismos mientras todas estas partes implicadas no tomen conciencia real de que todos nos necesitamos a todos y de que las soluciones no son soluciones si las de uno perjudican al resto.

Sin embargo, todos tenemos a punto un remedio para nuestro sector sin, ni siquiera, conocer los problemas de los demás y ese creo, a mi corto entender, que no es el camino.

Se quejan los productores de la escasa dotación del Fondo de Protección y lanzan sus propuestas sobre la base de que dicho Fondo debería ser financiado por todas las partes (administración, productores, distribuidores, plataformas y exhibidores). Pues estaría muy bien, pero yo, como exhibidor, sin negarme a ello, me pregunto: ¿Qué obtenemos a cambio los exhibidores? ¿Acaso este Fondo va a servir también para ayudarnos cuando la industria decida cambiar los sistemas de proyección? ¿Seguirán los pequeños cines viéndose privados de ciertos títulos por el mero hecho de que sus taquillas no son apetecibles para algunas distribuidoras? ¿Nos olvidamos de los autores? Parece razonable que si ayudamos a fomentar la creación y posteriormente les pagamos por sus obras, también ellos contribuyan a su propio fomento. Hablemos de todo ello y seguramente encontraremos un punto de encuentro.

También los distribuidores lanzan al aire sus preocupaciones. Los más grandes (las majors) por el excesivo plazo de la ventana de exhibición, entre otras, aunque no haya unanimidad entre ellos al considerarse competidores entre sí,  y los más pequeños por esto mismo y por la escasa o nula ayuda a la distribución y promoción del llamado cine independiente. Pues aquí también nos encontramos con que, por un lado, los productores no abogan por una rebaja de estos plazos al considerar que el retorno económico a través de las plataformas aún es muy pequeño y los exhibidores lo ven como un peligro para su taquilla. Pero la realidad es que las plataformas han llegado para quedarse y que la única forma de afrontarlo es asumiéndolo y ofreciendo alternativas donde todos tengamos cabida. No ganaremos esta batalla negando la evidencia u oponiéndonos de forma cerril a los avances tecnológicos o de usos sociales que demanda la sociedad. Habrá que aprender a hacer de la necesidad virtud. Tal vez el futbol sea un ejemplo al que, con los matices necesarios, seguir.

Julio Abengózar Oviedo

¿Y los exhibidores? Pues más de lo mismo. Aunque en este caso, la única voz que se escucha es la de las grandes cadenas imponiendo las seis semanas de duración para la ventana de exhibición. Los pequeños cines independientes poco dicen y no porque no tengan sus problemas, que los tienen y muchos. Dificultades para conseguir títulos de algunas majors, nulo apoyo a su, en muchos casos, obligada programación de cine independiente, incapacidad para acceder a las ayudas a la digitalización (VPF). Puedo asegurar que el menor de sus problemas es la dichosa ventana de exhibición.

Pero seamos honestos al respecto de la ventana de exhibición. ¿Cuántas películas aguantan en cartelera más allá de seis semanas? ¿Y cuántos cines pueden aguantar este tiempo con un mismo título en cartelera? Con el aluvión de estrenos que cada semana se ofertan, las carteleras, como el pescado, deben ser frescas. El espectador busca novedades en “su” cine, porque hay un gran número de espectadores asiduos de su cine, por cercanía, por comodidad, por programación, por trato… Los pequeños exhibidores lo sabemos muy bien y ponemos nuestro empeño en conocer y fidelizar a nuestra clientela.

Con este panorama de intereses contrapuestos, desencuentros y falta de interés por cada una de las partes por conocer los problemas de los demás, si la industria sobrevive será a pesar de nosotros. Deberemos dejar de mirarnos al ombligo, levantar la cabeza y mirar todos hacia adelante. El Cine somos todos y no estaría mal que, aunque con seis años de retraso, retomásemos  el espíritu del Informe de la Academia.